Entre el 18 al 21 de noviembre se celebra en Chile la semana de la innovación y emprendimiento.
Durante estos días se desarrollarán un conjunto de actividades en la
que habrá presentaciones de expertos internacionales, emprendimientos
nacionales, premios a iniciativas y talleres.
Esto no es casualidad, desde hace un tiempo que el tema de la innovación se ha venido ganando un espacio en los foros de discusión sobre oportunidades de desarrollo, en los foros de estrategias de crecimiento del país y como tema recurrente en una nueva generación de jóvenes profesionales.
En
el mundo de la educación, la innovación también es un tema recurrente.
Surge como respuesta a la necesidad de enfrentar los desafíos de
mejoramiento del aprendizaje en las aulas, de modernizar la forma como
se administran y gestionan las escuelas y como oportunidad para
introducir nuevas herramientas y recursos para las tareas pedagógicas
de los centros escolares.
¿Toda innovación genera necesariamente buenos resultados? ¿Toda innovación debe suponer un alto grado de creatividad y originalidad? ¿Cómo se genera innovación al interior de una escuela?
Parece ser que en este tema de la innovación, hay aún un conjunto de preguntas abiertas o al menos, hay diferentes formas de abordar el desafío de innovar, lo que suele llevar a confusiones.
Un punto común parece ser el de las condiciones mínimas para la innovación, que sería aquel conjunto de elementos que facilitan que una comunidad educativa se predisponga a generar nuevas respuestas a problemas recurrentes que no se solucionan a través de los métodos tradicionales. No es suficiente que exista uno o dos profesores motivados, que generen una buena idea, la concreten y la difundan. Estas innovaciones suelen sen frágiles, terminan cuando los “motivados” se trasladan a otro establecimiento o cuando se aburren de utilizar su tiempo personal en nuevas iniciativas.
Se requiere una “cultura de la innovación” para que las propuestas creativas nazcan, se desarrollen, se implementen y se proyecten al interior del establecimiento. Este ambiente se relaciona sin duda con el liderazgo que incentiva y recompensa a la innovación, con las flexibilidades institucionales que facilitan las modificaciones a los procedimientos tradicionales y con el acuerdo global en la necesidad de buscar nuevas respuestas.
En un orden más curricular, la innovación requiere del desarrollo de un conjunto de competencias que probablemente ya estén consideradas en los diversos sectores de aprendizaje. No obstante, existe acuerdo que las estrategias de evaluación de estas competencias o aprendizajes, tienden a reducir las oportunidades de innovación.
De esto trata el “Foro de la Educación” de esta última quincena en educarchile. La pregunta para generar el debate es “El currículo nacional ¿invita a la innovación en la educación?”. Pedro Montt, Jefe de la Unidad de Currículum y Evaluación (UCE) del Ministerio de Educación y Camilo Herrera, Director del Colegio Altamira presentan sus posturas sobre el tema. La invitación a participar en el Foro está abierta aquí.
Tendremos que seguir insistiendo en el valor y desafío de la innovación en educación. De esta forma, podemos aspirar a que la próxima semana dedicada a la “innovación y emprendimiento” considere un día para las experiencias y aprendizajes en el mundo de las ciencias de la educación.





